|
|
|
|
|
|
DIARI |
 |
|
|
|
|
|
ARTÍCULOS |
 |
|
|
|
|
|
|
Octubre 2006, Nº 150 |
 |
|
Violencia escolar
Si el mes pasado explicábamos el fenómeno de la violencia machista
desde una perspectiva diferente a la habitual, este mes las noticias
acerca de la violencia en las escuelas nos ponen en situación de hablar
de este otro aspecto de la violencia cotidiana.
La violencia en las aulas, como durante años la violencia en el seno de
las familias, tiende a ser menospreciada y mal entendida. Si en las
familias se aplicaba eso de «los trapos de cada casa se limpian en cada
casa» y se miraba para otro lado, en el caso de la violencia en las
escuelas se ha aplicado durante demasiado tiempo el tópico de «las
cosas de niños» para justificar las agresiones, vejaciones y maltratos
variados de los que miles de niños y niñas (cientos de miles según los
estudios recientes) eran víctimas.
El agresor escolar es un niño/a. Esto hay que dejarlo claro no para
justificar sino para centrar el tema. El niño/a agresor es un ser
humano en formación con todo lo que esto implica. Aunque hay agresores
en diferentes edades y, por tanto, en diferentes fases del proceso de
maduración psicológica y del fundamental proceso de socialización (del
que ya hemos hablado en otros artículos en este mismo periódico)
podemos decir que el maltratador está impulsado generalmente por un
afán de posicionamineto social. Maltrata a otros para demostrar a otros
que es capaz de hacerlo. En la medida en que consigue amedrentar, hacer
retroceder a otro niño/a, en la medida en que impone su dominio sobre
el otro/a muestra su «superioridad». Este afán proviene en general de
una inferioridad percibida en otros ámbitos: puede que sea un mal
estudiante; o que sea un buen estudiante pero sea víctima de agresiones
en otros ámbitos (la familia o la calle); puede que sea de una familia
más pobre; puede que sea poco agraciado físicamente; puede que se
sienta menos querido.... En fin, en general, el interés por demostrar
superioridad sobre otros suele ser importante para quien se percibe
inferior o, al menos, para quien no tiene demasiado claro que no es
inferior a otros. Los niños que no se perciben a sí mismos como
inferiores en ningún aspecto difícilmente se sentirán empujados a
demostrar superioridad sobre otros.
Pero hay más. Mientras la mayoría de los niños y niñas van construyendo
su autoestima sobre pilares «normales» los agresores escolares recurren
a la violencia. ¿Por qué?. En este punto hay que volver a reflexionar
acerca del mundo de ideas en el que están creciendo los niños/as de
estos tiempos. Televisión, cine, internet y videojuegos son el
suministro de imágenes del mundo adulto del que se alimentan sus
psiquismos en formación. Aunque en general saben que la violencia no es
aceptable, contínuamente reciben mensajes contradictorios desde el
mundo adulto: héroes violentos; respuestas agresivas a problemas
cotidianos; noticias de violencias; «ideologías» en las que la
respuesta violenta es considerada aceptable, cuando no deseable, etc.
Nuestros hijos/as viven en una sociedad en la que crece no solo
la violencia escolar, también son contínuamente noticia la violencia
doméstica, la violencia terrorista, la violencia de los atracos a los
chalets, la violencia de las pandillas (un fenómeno nuevo y que dará
mucho más que hablar), la violencia en los lugares de diversión, etc.
Un paseo por internet les dará una idea de lo que les digo. Escriban en
Google «videos de peleas» y verán lo que sale.
No quiero dejarme en el tintero el problema añadido de las familias
desestructuradas y de los padres demasiado ocupados. En ambos casos los
referentes de los chicos/as son un elemento más de los que contribuyen
al problema.
Y tampoco quiero dejarme el análisis desde el punto de vista de las
víctimas de esa violencia escolar. Pero eso será en la columna del
proximo mes.
|
|
|
|
|
|
|
|
| Portal engine source code is copyright 2002-2008 by DotNetNuke. All Rights Reserved |
|
|