Los Mossos d’Esquadra, a quien compete el orden público en
la ciudad de Barcelona, temen que los disturbios que protagonizaron unos
250 jóvenes radicales al final de una manifestación del
movi-miento okupa en el Raval vuelvan a repetirse en Ciutat Vella, Sants
o Gràcia, donde las calles facilitan la impunidad de sus acciones.
Los grupos
violentos antisistema que se escudan bajo la etiqueta okupa dejarán
de actuar cuando «se rompa con la idea, socialmente muy extendida,
de que su lucha tiene motivaciones altruistas e ideológicas»
y ello tenga un reflejo en las leyes, vaticinó ayer un mando de
la policía autónomica. «Cuando se les comience a ver
como los delincuentes que son, la cosa comenzará a cambiar»,
agregó. La policía no tiene la percepción de que
el empleo de un lanzacohetes casero en la protesta, que se utilizó
en tres ocasiones para disparar artefactos de pirotecnia contra los agentes,
sea un salto cualitativo en la estrategia de esos grupos.
Lo que sí
evidencia, en opinión de los mandos consultados, es que el empleo
de tácticas policiales por parte de este tipo de activistas es
cada vez más frecuente. «Obsérvese en las fotos como
el que sostiene el lanzacohetes tiene un escudero que mantiene en pie
un colchón para protegerle. Actúan por parejas, como las
fuerzas antidisturbios», hacen notar. Lo que también corrobora
la policía es que muchos de ellos proceden del cinturón
de Barcelona y no son vecinos de la ciudad.
Los Mossos
no creen que las últimas algaradas en el Raval guarden relación
con las que tuvieron lugar en marzo en el mismo barrio, tras la descon-vocatoria
de un macrobotellón. «Aquello fue más espontáneo.
La gente no vino preparada como esta vez. Ahora había gente que
vigilaba, que contravigilaba, servicio de intendencia y retaguardia»,
explican fuentes de la policía autonómica. Esa forma de
organización impidió, por ejemplo, hacer más detenciones,
que se redujeron a dos. «La situación obligó a dispersar
a los violentos para que los destrozos no fueran a más y no permitió
fijar otros objetivos».
Menos
enfrentamientos
La policía
no cree que los enfrentamientos directos con los okupas sean ahora más
fre-cuentes, sino todo lo contrario. «Hace cinco años, tras
cada desalojo había una bronca. Este año llevamos más
de 40 y apenas ha habido episodios violentos. Los radicales son pocos,
pero vienen de Italia, o de otras partes, porque aquí las leyes
son muy laxas, y les sale muy barato organizar destrozos», se lamenta
un agente. «Abrirle la cabeza a un policía te puede salir
por 50 euros y si eres insolvente, gratis», denuncia.
Los Mossos
prevén que las protestas organizadas con motivo de la celebración
en la ciudad, a partir del próximo 15 de octubre, de la Cumbre
de Ministros de Vivienda de la UE sean aprovechadas, al final de ellas,
«por los 250 habituales de las algaradas» «No son luchadores
antisistema, son gente sin ideología que ha escogido una forma
fácil de vida y se escuda en el movimiento okupa», asegura
un mando. |