Modelos
En los primeros años de nuestra vida cada
uno de nosotros recorre un camino de adaptación al mundo social. A
diferencia de los animales, el ser humano se configura aportando a su
base biológica elementos importantes del mundo social. Y no hablo solo
de conocimientos más o menos prácticos; hablo de toda una estruc-tura
psicológica, hablo de una forma de ver el mundo, de un sistema de
respuestas codi-ficadas (de roles), de una forma de interpretar los
datos de la realidad, de una forma de organizar esos datos...etc, etc.
Los factores sociales en el ser humano son tan importantes que superan
ampliamente a los aspectos hereditarios (biológicos). La inmigración
brinda un buen ejemplo: los hijos de inmigrantes procedentes de otras
culturas, pese a los componentes hereditarios, asimilan rápidamente los
aspectos culturales del país en el que desarrollan los primeros años de
su vida hasta convertirse en ciudadanos normales (permitan que use este
concepto tan discutible). Por ejemplo, un afroamericano es mucho más
americano que africano, por mucha «pureza racial» que se haya mantenido
en su linea hereditaria. Lo mismo podremos decir de los hijos de los
inmigrantes que en estos años llegan a España procedentes de los cinco
continentes. En los próximos años veremos españoles de todas las razas
que serán tan españoles como cualquier otro pese a sus tonos de piel o
a sus elementos raciales distintivos.
En ese proceso de socialización durante el cual vamos completando
nuestra estructura psicológica con los elementos sociales necesarios
para nuestro desarrollo como seres humanos, un factor esencial es el de
los modelos.
Pareciera que los niños y adolescentes tienden a ser más mitómanos o
incluso fetichistas. Todos sabemos cómo coleccionan imágenes de sus
ídolos, como imitan a las estrellas del deportes, la música o el cine.
Eso se debe a que en esas edades están muy atentos a los modelos.
Necesitan los modelos para ordenar el mundo que están empezando a
descubrir.
Cuando una sociedad encumbra a un gran deportista o a un cantante, los
niños y adoles-centes reciben un mensaje: ese tipo es un triunfador,
ese tipo lo hace bien, es modélico. Puede ser por una determinada
habilidad, por su aspecto físico, por su postura ante el mundo,
por alguna cosa que haya hecho, etc.
Quienes tienen una cierta edad recordarán que en los años de la
transición española, con una sociedad muy politizada, abundaban los
posters de personajes muy políticos: el Che Guevara, Ghandi... Hoy en
día si se visitan las habitaciones adolescentes es probable que
encontremos más bien personajes del deporte, el cine o la
canción.
El caso es que la imagen de los personajes que se convierten en modelos
son una refe-rencia para los jóvenes aprendices de seres humanos. El
problema es que un ser humano es muy complejo, no es solo alguien que
es capaz de chutar bien, de correr muy rápido o de despertar admiración
por sus elegantes proporciones físicas. Por eso no es extraño que los
jóvenes «completen» esos modelos atribuyendo virtudes a los
personajes-modelo. Así un Ronaldinho debe ser buena persona, Maradona
un líder intelectual y Antonio Banderas un gran hombre de familia. Por
eso, cantantes, actores, deportistas y famosos en general son buscados
para las portadas de campañas de solidaridad con colectivos débiles o
países pobres mientras que los miles de voluntarios reales que trabajan
duramente en las verdaderas campañas se mantienen en el anonimato y
nunca están en los posters de las habitaciones.
El problema de todo esto es que los modelos sociales pueden ser (y de
hecho son) mani-pulados para favorecer intereses de todo tipo.
Intereses que no siempre son los más adecuados para el desarrollo
integral de los jóvenes. Por eso tenemos modelos anoréxicas encumbradas
en la cima de la belleza, patanes desvergonzados ocupando portadas en
las revistas y vacuos pomposos pasando por intelectuales o líderes de
opinión.
Cuidar los modelos de nuestros hijos forma parte sustancial de la tarea
educativa. Revisar nuestros propios modelos es un buen ejercicio
de autoconocimiento para nosotros/as mismos/as.
Muchos de nuestros conflictos tienen su orígen en la elección de los
modelos, las aspiraciones y la imagen que de nosotros mismos hacemos.
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