Deporte, televisión y psiquismo
En el momento de redactar este artículo el Barça está cerca de
proclamarse campeón de liga, Alonso ya es campeón del mundo de Fórmula
1 y empieza a ganar carreras en el 2006, Gasol triunfa en la NBA,
los motoristas encabezados por Pedrosa han empezado con buen pie...
y ¡¡¡se acerca el mundial de fútbol!!!.
Y ustedes se preguntarán ¿Qué tiene esto que ver con la psicología?
Pues la verdad es que mucho, y cada día más.
La mayoría de las personas vivimos existencias poco espectaculares.
Trabajamos, disfrutamos de momentos de ocio con la familia y los
amigos, y volvemos al trabajo en un ciclo más o menos constante. En
nuestras vidas no hay grandes emociones: ni grandes éxitos ni grandes
fracasos. Y en general eso está bien. Bastante strees acumulamos
con nuestros problemas cotidianos como para añadirle excesivos
sobresaltos.
Pero el deporte televisado nos ofrece algo genial: nos ofrece la posibilidad de experimentar un éxito casi cada semana.
El primer mecanismo que interviene es el de la identificación. Los
seres humanos nos identificamos siempre con grupos sociales. Nos
identificamos con personas de nuestro mismo origen geográfico (aunque
poco tengan en común nuestras vidas) nos identificamos con grupos
laborales y formamos gremios, o con clases sociales, o con ideologías
políticas... o con equipos de fútbol. De esa forma nos
identificamos como catalanes o vascos o andaluces; como comerciantes o
administrativos o artistas; como trabajadores o como empresarios;
como comunistas o como socialistas o nacionalistas; y también como
culés o pericos o merengues. Y podemos y solemos hacerlo con
varias de éstas e incluso otras más al mismo tiempo.
Por otro lado, los seres humanos también podemos ponernos en el
lugar del otro gracias a un mecanismo llamado «empatía». Es un
mecanismo realmente importante (fundamental en mi trabajo como
psicóloga) que está en la base de todo el desarrollo social. La empatía
nos permite sentir la pena del otro, su alegría, sus emociones y
sentimientos. Carecer de empatía suele conducir a problemas
psicosociales realmente importantes. La empatía nos permite
emocionarnos con las emociones del protagonista de una película, nos
hace llorar ante una madre que acaba de perder a su hijo, nos facilita
la comprensión y la solidaridad...nos ayuda a entender a los demás.
Pues bien, la empatía y la capacidad para identificarnos con un
determinado grupo social, nos permiten colocarnos ante el televisor y
experimentar emociones fuertes viendo pruebas deportivas. Cualquiera
aficionado al deporte le dirá que no es lo mismo ver una prueba del
tipo que sea o un partido del deporte que sea cuando te da exactamente
igual el resultado. Para que el efecto se produzca es necesario que
tengamos un favorito. Cuanto más identificados estemos con el favorito
mayor será la emoción recibida. Y cuando hablo de emoción no me refiero
solo a la emoción del triunfador. También es emoción el disgusto de una
derrota. No gusta tanto pero sí que es una emoción. (Si recurdan gente
llorando por una derrota deportiva televisada reconocerán que las
lágrimas son auténticas).
El deporte televisado ofrece a los espectadores emociones sin fin. En eso el fútbol es genial.
Cada domingo un partido, cada domingo un posible éxito. Pero además hay
liga, copa, champions, selecciónes, europeos, mundiales. Hay títulos,
pero también hay emociones alternativas: clasificarse, ascensos,
descensos, derbis...
En un solo año, un aficionado tiene toda una batería de espectativas, éxitos y fracasos.
¿Pero saben lo más genial? Son emociones intensas que no afectan
gravemente a su vida personal. Su economía y su familia, su trabajo,
sus amigos, las cosas importantes para la persona no están en juego.
Los deportistas sí se juegann cosas realmente importantes para sus
vidas cotidianas, pero el espectador no. Lo que pasa es que gracias a
esos mecanismos que hemos descrito ese espectador vivirá un rato de
emociónes intensas y sin riesgo. ¿No es genial?
Y más genial aún es que si en un deporte no se gana, siempre hay otro
en el que se gana. Eso explica el fenómeno de Alonso y la Fórmula 1. A
casi nadie interesaba la Fórmula 1 en España. Pero ahora son
millones los espectadores que se colocan a cualquier hora del día o de
la madrugada para ver una carrera. Antes no había con quién
identificarse y ahora sí. Ahora el mecanismo funciona.
Caso contrario sería el tenis femenino. Desde que se retiró Arancha
Sánchez Vicario ¿cuántas personas han visto un partido de tenis
femenino? Seguro que solo las que sepan quién es en este moemnto la
número uno del tenis femenino español, es decir, las personas muy muy
aficionadas.
Y qué me dicen de las olimpiadas de invierno?.
El deporte televisado es genial para el equilibrio emocional de la
gente. Sé que hay muchas personas que lo consideran una especie de opio
para el pueblo. Pero es que el pueblo necesita ese opio, (y viendo los
datos sobre consumo de drogas, botellones y demás habría que hacer
muchas más conside-raciones) para afrontar existencias muy exigentes.
La vida es dura. Para algunas personas demasiado dura. Las emociones
que no aportan riesgo real para nuestra vidas nos ayudan a encontrar
alicientes aunque sean por identificación con otros. Ya se lo del «Pan
y Circo» y todo eso. Pero permitan que tengan una visión más
comprensiva de todo este asunto.
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