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 Abril 2006, Nº 144 Minimizar

Deporte, televisión y psiquismo

En el momento de redactar este artículo el Barça está cerca de proclamarse campeón de liga, Alonso ya es campeón del mundo de Fórmula 1 y empieza  a ganar carreras en el 2006, Gasol triunfa en la NBA, los motoristas encabezados por Pedrosa han empezado con buen pie... y  ¡¡¡se acerca el mundial de fútbol!!!.

Y ustedes se preguntarán ¿Qué tiene esto que ver con la psicología?

Pues la verdad es que mucho, y cada día más.

La mayoría de las personas vivimos existencias poco espectaculares. Trabajamos, disfrutamos de momentos de ocio con la familia y los amigos, y volvemos al trabajo en un ciclo más o menos constante. En nuestras vidas no hay grandes emociones: ni grandes éxitos ni grandes fracasos. Y en general eso está bien.  Bastante strees acumulamos con nuestros problemas cotidianos como para añadirle excesivos sobresaltos.

Pero el deporte televisado nos ofrece algo genial: nos ofrece la posibilidad de experimentar un éxito casi cada semana.

El primer mecanismo que interviene es el de la identificación. Los seres humanos nos identificamos siempre con grupos sociales. Nos identificamos con personas de nuestro mismo origen geográfico (aunque poco tengan en común nuestras vidas) nos identificamos con grupos laborales y formamos gremios, o con clases sociales, o con ideologías políticas...  o con equipos de fútbol. De esa forma nos identificamos como catalanes o vascos o andaluces; como comerciantes o administrativos o artistas; como  trabajadores o como empresarios; como comunistas o como socialistas o nacionalistas; y también como culés o pericos o merengues. Y podemos y solemos  hacerlo con varias de éstas e incluso otras más al mismo tiempo.

Por otro lado, los seres humanos también  podemos ponernos en el lugar del otro gracias a un mecanismo llamado «empatía». Es un mecanismo realmente importante (fundamental en mi trabajo como psicóloga) que está en la base de todo el desarrollo social. La empatía nos permite sentir la pena del otro, su alegría, sus emociones y sentimientos. Carecer de empatía suele conducir a problemas psicosociales realmente importantes. La empatía nos permite emocionarnos con las emociones del protagonista de una película, nos hace llorar ante una madre que acaba de perder a su hijo, nos facilita la comprensión y la solidaridad...nos ayuda a entender a los demás.

Pues bien, la empatía y la capacidad para  identificarnos con un determinado grupo social, nos permiten colocarnos ante el televisor y experimentar emociones fuertes viendo pruebas deportivas. Cualquiera aficionado al deporte le dirá que no es lo mismo ver una prueba del tipo que sea o un partido del deporte que sea cuando te da exactamente igual el resultado. Para que el efecto se produzca es necesario que tengamos un favorito. Cuanto más identificados estemos con el favorito mayor será la emoción recibida. Y cuando hablo de emoción no me refiero solo a la emoción del triunfador. También es emoción el disgusto de una derrota. No gusta tanto pero sí que es una emoción. (Si recurdan gente llorando por una derrota deportiva televisada reconocerán que las lágrimas son auténticas).

El deporte televisado ofrece a los espectadores emociones sin fin. En eso el fútbol es genial.
Cada domingo un partido, cada domingo un posible éxito. Pero además hay liga, copa, champions, selecciónes, europeos, mundiales. Hay títulos, pero también hay emociones alternativas: clasificarse, ascensos, descensos, derbis...

En un solo año, un aficionado tiene toda una batería de espectativas, éxitos y fracasos.
¿Pero saben lo más genial? Son emociones intensas que no afectan gravemente a su vida personal. Su economía y su familia, su trabajo, sus amigos, las cosas importantes para la persona no están en juego. Los deportistas sí se juegann cosas realmente importantes para sus vidas cotidianas, pero el espectador no. Lo que pasa es que gracias a esos mecanismos que hemos descrito ese espectador vivirá un rato de emociónes intensas y sin riesgo. ¿No es genial?

Y más genial aún es que si en un deporte no se gana, siempre hay otro en el que se gana. Eso explica el fenómeno de Alonso y la Fórmula 1. A casi  nadie interesaba la Fórmula 1 en España. Pero ahora son millones los espectadores que se colocan a cualquier hora del día o de la madrugada para ver una carrera. Antes no había con quién identificarse y ahora sí. Ahora el mecanismo funciona.

Caso contrario sería el tenis femenino. Desde que se retiró Arancha Sánchez Vicario ¿cuántas personas han visto un partido de tenis femenino? Seguro que solo las que sepan quién es en este moemnto la número uno del tenis femenino español, es decir, las personas muy muy aficionadas.

Y qué me dicen de las olimpiadas de invierno?.

El deporte televisado es genial para el equilibrio emocional de la gente. Sé que hay muchas personas que lo consideran una especie de opio para el pueblo. Pero es que el pueblo necesita ese opio, (y viendo los datos sobre consumo de drogas, botellones y demás habría que hacer muchas más conside-raciones) para afrontar existencias muy exigentes. La vida es dura. Para algunas personas demasiado dura. Las emociones que no aportan riesgo real para nuestra vidas nos ayudan a encontrar alicientes aunque sean por identificación con otros. Ya se lo del «Pan y Circo» y todo eso. Pero permitan que tengan una visión más comprensiva de todo este asunto.


  

Maria José, Psicóloga.
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