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 Març 2006, Nº 143 - Psicologia Minimizar

Hijo Tirano

En los últimos días hemos oído un nuevo concepto: «hijo tirano». Ha surgido asociado a una noticia sorprendente: miles de denuncias por malos tratos sufridos por padres a manos de sus hijos menores.

Hasta ahora el debate solía plantearse solamente al revés: padres que ejercían malos tratos a sus hijos. Incluso se le ha dado mucho espacio a debates acerca de la conveniencia de una bofetada, o cualquier otra forma de castigo físico, en la educación de los niños. Pero en esta época de sorprendentes fenómenos hemos de confesar que nos ha sorprendido éste de los «hijos tiranos».

Para lo menos enterados diremos que estos hijos tiranos son menores que desarrollan un comportamiento absolutamente exigente hacia sus padres. Este comportamiento empieza en los primeros años de vida adoptando formas de demandas constantes y acaba frecuentemente en la agresión física.

Vivimos años en los que las parejas acostumbran a tener pocos hijos. Este factor se combina con un mayor nivel de vida y con la sensación de muchos padres de que han de hacer todo lo posible por lograr la felicidad de sus hijos y de que esa felicidad pasa por atender en lo posible a la mayor parte de los deseos de los hijos.

Poco a poco, esos hijos van interpretando el papel de los padres como el de meros servidores. Sus padres han de alimentarles, vestirles, protegerles, acompañarles a las actividades, hacerles regalos, consolarles en los momentos duros, alentarles, etc. En no pocas ocasiones sus padres realizan tareas tan poco recomendables como censurar a los maestros de sus hijos, disculpar sus comportamientos censurables y/o liberarles de toda responsabilidad en las tareas de casa.

Los hijos acaban percibiendo a sus padres más como esclavos que como educadores. Su actitud se va haciendo más tiránica, cada día aceptan peor las frustraciones de la vida cotidiana y al final acaban agrediendo a sus propios padres. Se han convertido en «hijos tiranos» y los problemas van a crecer y mucho.

Porque lo peor no es que sean o dejen de ser tiranos. Lo peor no es que sean más o menos caprichosos o más o menos mimados. Lo peor es que nunca más serán niños. Nunca más tendrán la edad en la que cada elemento educativo tiene que hacer su efecto. No volverán a tener la edad adecuada para inculcarles lo que en esa edad es fácil y conveniente inculcar.
La vida de estos niños tiranos siempre estará lastrada por las carencias de esas deficiencias educativas. Sí, se podrán poner medios para reconducir su proceso evolutivo, pero como quiera que normalmente saltan las alarmas cuando ya entran en una edad adolescente, el proceso educativo, el proceso de socialización que ha de ir acompañando su proceso de crecimiento físico y psicológico ya nunca podrá ser recuperado con total normalidad.

La sociedad occidental vive en la opulencia. Pese a que podamos encontrar importantes bolsas de pobreza y marginación, lo cierto es que nuestra sociedad es la sociedad «más rica» que ha conocido la historia. Nunca antes había al alcance de las personas tantas cosas. Desde alimentos hasta tecnología casi cualquier familia tiene acceso a multitud de cosas. Por otra parte, el sistema económico basado en el mercado se dedica a bombardearnos con la intención de inducirnos deseos y más deseos. Los niños son las víctimas más fáciles en este esquema. Atentos a la pantalla de televisión, con sus ojos abiertos y sus cerebros receptivos, reciben el aluvión de estímulos y desarrollan todos esos deseos sin el control sobre ellos que puede plantear un adulto. Para ellos la cuestión es fácil: se expresa el deseo a los padres y los  padres lo harán (o no) realidad.

No es de extrañar que en los últimos años se hayan disparado los porcentajes de niños obesos y hayan aparecido fenómenos como los hijos tiranos o la violencia en las escuelas.
Los países ricos se enfrentan a problemas que no conocían. A problemas que antes no existían. Entre ellos los que afectan a los menores tienen una especial trascendencia. Dentro de unos años llegará a los puestos de decisión en todos los ámbitos de la vida una generación de adultos que han tenido una infancia distinta, una infancia llena de deseos atendidos.
Serán adultos poco preparados contra la frustración, acostumbrados a conseguir fácilmente lo que se proponen...

Quizás no sean adultos mejores ni peores que los de otras generaciones. Pero serán adultos a los que les será difícil enfrentarse a carencias y decepciones.
 
Ojalá que no las tengan.     


  

Maria José, Psicóloga.
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