Identidades
En las últimas semanas los medios de comunicación han dedicado una
mayoría de sus espacios al proceso de las negociaciones del nuevo
Estatut de Catalunya. Entre los puntos importantes del debate estaba el
de si se considera o no a Catalunya como una nación. Un asunto que
puede parecer que no tiene ninguna relación con la psicología, pero que
en realidad está íntimamente vinculado a ella. Si, como a la hora de
redactar esta columna, el término nación se incluye en el preámbulo del
documento con una fórmula parecida a la de que Catalunya es «percibida
como una nación por una mayoría de los catalanes», es evidente
que de esa «percepción» la psicología tiene algo que decir. Pues
bien, diremos alguna cosa.
Los seres humanos, desde el momento de nacer, nos vamos
incluyendo en una determinada sociedad. Este «proceso de socialización»
es paulatino: empieza con la familia, continúa en la escuela, los
grupos de amigos, los grupos sociales, etc. A lo largo del proceso de
socialización entra en juego un mecanismo muy importante: la
identificación.
Si preguntamos a cualquier persona acerca de su identidad nos hablará
en primer lugar de los elementos que le vinculan a su propia familia:
nombre y apellidos. Pero si seguimos indagando aparecerán toda una
serie de «identificaciones» que actúan de forma complementaria. Por
ejemplo: se identificará en mayor o menor grado con un sexo determinado
(hombre o mujer), con un grupo de edad (niño, joven, maduro,
anciano...),con un grupo laboral (estudiante, obrero,
empresario,autónomo, etc), con un grupo «físico» (gordos, flacos,
altos, bajos), con sectores ideológicos (de izquierdas, de derechas,
anarquista, conservador, nacionalista) e incluso con grupos sociales
(culés, periquitos, neorománticos, humanistas, evangelistas, católicos,
antiabortistas, okupas, etc) y así siguiendo. Todas estas
identificaciones no son excluyentes. Son complementarias y juntas van
formando lo que frecuentemente se conoce como el «perfil» de una
persona. Pongamos un ejemplo:
«Pedro Pujol Fernández (padre catalán y madre aragonesa) hombre joven,
estudiante, gordo, anarquista, culé, okupa, y varias cosas más».
Ustedes pueden ir quitando y poniendo piezas en el rompecabezas de sus
identificaciones sociales e irán encontrando identidades personales
distintas como en esos retratos robots en el que se van construyendo
rostros diferentes quitando y poniendo narices, ojos, cejas y orejas
distintas.
Las identificaciones psicológicas con grupos sociales distintos son un
mecanismo de «economía» psicológica. Cada identidad de grupo tiene una
serie de características, un conjunto ya constituido de rasgos. Los
culés no son todos iguales, pero son más iguales entre sí cuando se
trata de fútbol y los comparamos con los periquitos o los madridistas.
Los gordos no son todos iguales, pero son más iguales que los flacos
cuando se trata de tallas de ropa, dietas, etc. Los católicos no son
todos iguales, pero son más iguales que los evangelistas cuando se
trata de religión y aún lo son más si los comparamos con los musulmanes
y más todavía si los comparamos con los ateos.
De esta forma, las personas al identificarse con un
determinado grupo social asume las características generales de
ese grupo aunque al ir identificándose con otros grupos va elaborando
un perfil personal más preciso. Por ello, cuanto mayor sea el número de
grupos con el que una persona se identifica mayor será el perfil
diferenciado de esa persona, mayor será su «propia personalidad». Si
solo fuera culé, o solo hombre, o solo estudiante, su perfil personal
sería muy poco marcado, pero si es «muchas cosas al mismo tiempo» será,
por decirlo así, «más original».
Así que tener algo de muchos grupos sociales hace que una persona sea
más distinta, más original, más personal. Y lo consigue justamente
integrándose en lugar de tratando de diferenciarse.
¿Y qué tiene que ver esto con el «estatut»?
Pues muy sencillo. Para algunas personas sentirse catalán es un rasgo
que amenaza el sentimiento español. Y por eso ven en el sentimiento
catalán un enemigo del sentimiento español. Pero eso es más ignorancia
que otra cosa. Si se detuvieran a considerar la cuestión verían que una
persona normal acumula en una sola identidad muchas identificaciones de
diverso tipo. En el terreno de las identificaciones «geográficas» una
persona puede sentirse al mismo tiempo barcelonesa, catalana, española
y europea. Por otro lado, seguramente y además de Serrat habrá mucha
gente que se sienta mediterránea y del Poble Sec (o cualquier otro
barrio con perfil, como el Raval por ejemplo). Serrat no es menos
catalán por ser mediterraneo o del Poble Sec, todo lo contrario. Y uno
del pirineo se sentirá tan catalán como Serrat sin necesidad de
sentirse tan mediterráneo. Y ninguno de los dos se sentirá por
ello menos español o menos europeo.
Ahora bien, quienes insisten en contraponer sentimientos podrían acabar
por hacer que uno no se sienta español si se siente catalán justamente
por el hecho de tener que elegir. Es una forma de separatismo que los
predicadores de la nación española única siembran en su ignorancia.
Señoras y señores, siéntanse ustedes lo que quieran. Siéntanse muchas
cosas al mismo tiempo. No solo es posible, es además recomendable,
enriquecedor y les ayudará a ser diferentes al tiempo que más
integrados y comprensivos con los demás.
No se dejen confundir por los ignorantes.
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