Lunes, 06 de Septiembre de 2010 Registrarse | Entrar
| psicologia * feb006 142 psico |
diari_banner_140.gif
 DIARI Minimizar


  

Apartados_psicologia.gif
 ARTÍCULOS Maximizar


  


 Febrer 2006, Nº 142 Minimizar

Identidades

En las últimas semanas los medios de comunicación han dedicado una mayoría de sus espacios al proceso de las negociaciones del nuevo Estatut de Catalunya. Entre los puntos importantes del debate estaba el de si se considera o no a Catalunya como una nación. Un asunto que puede parecer que no tiene ninguna relación con la psicología, pero que en realidad está íntimamente vinculado a ella. Si, como a la hora de redactar esta columna, el término nación se incluye en el preámbulo del documento con una fórmula parecida a la de que Catalunya es «percibida como una  nación por una mayoría de los catalanes», es evidente que de esa «percepción» la psicología tiene algo que decir.  Pues bien, diremos alguna cosa.
Los seres humanos, desde el momento de nacer,  nos vamos incluyendo en una determinada sociedad. Este «proceso de socialización» es paulatino: empieza con la familia, continúa en la escuela, los grupos de amigos, los grupos sociales, etc. A lo largo del proceso de socialización entra en juego un mecanismo muy importante: la identificación.
Si preguntamos a cualquier persona acerca de su identidad nos hablará en primer lugar de los elementos que le vinculan a su propia familia: nombre y apellidos. Pero si seguimos indagando aparecerán toda una serie de «identificaciones» que actúan de forma complementaria. Por ejemplo: se identificará en mayor o menor grado con un sexo determinado (hombre o mujer),  con un grupo de edad (niño, joven, maduro, anciano...),con un grupo laboral (estudiante, obrero, empresario,autónomo, etc), con un grupo «físico» (gordos, flacos, altos, bajos), con sectores ideológicos (de izquierdas, de derechas, anarquista, conservador, nacionalista) e incluso con grupos sociales (culés, periquitos, neorománticos, humanistas, evangelistas, católicos, antiabortistas, okupas, etc) y así siguiendo. Todas estas identificaciones no son excluyentes. Son complementarias y juntas van formando lo que frecuentemente se conoce como el «perfil» de una persona.  Pongamos un ejemplo:
«Pedro Pujol Fernández (padre catalán y madre aragonesa) hombre joven, estudiante, gordo, anarquista, culé, okupa, y varias cosas más». 
Ustedes pueden ir quitando y poniendo piezas en el rompecabezas de sus identificaciones sociales e irán encontrando identidades personales distintas como en esos retratos robots en el que se van construyendo rostros diferentes quitando y poniendo narices, ojos, cejas y orejas distintas.
Las identificaciones psicológicas con grupos sociales distintos son un mecanismo de «economía» psicológica. Cada identidad de grupo tiene una serie de características, un conjunto ya constituido de rasgos. Los culés no son todos iguales, pero son más iguales entre sí cuando se trata de fútbol y los comparamos con los periquitos o los madridistas. Los gordos no son todos iguales, pero son más iguales que los flacos cuando se trata de tallas de ropa, dietas, etc. Los católicos no son todos iguales, pero son más iguales que los evangelistas cuando se trata de religión y aún lo son más si los comparamos con los musulmanes y más todavía si los comparamos con los ateos.
De esta forma, las personas al  identificarse con un determinado  grupo social asume las características generales de ese grupo aunque al ir identificándose con otros grupos va elaborando un perfil personal más preciso. Por ello, cuanto mayor sea el número de grupos con el que una persona se identifica mayor será el perfil diferenciado de esa persona, mayor será su «propia personalidad». Si solo fuera culé, o solo hombre, o solo estudiante, su perfil personal sería muy poco marcado, pero si es «muchas cosas al mismo tiempo» será, por decirlo así, «más original».
Así que tener algo de muchos grupos sociales hace que una persona sea más distinta, más original, más personal. Y lo consigue justamente integrándose en lugar de tratando de diferenciarse.
¿Y qué tiene que ver esto con el «estatut»?
Pues muy sencillo. Para algunas personas sentirse catalán es un rasgo que amenaza el sentimiento español. Y por eso ven en el sentimiento catalán un enemigo del sentimiento español. Pero eso es más ignorancia que otra cosa. Si se detuvieran a considerar la cuestión verían que una persona normal acumula en una sola identidad muchas identificaciones de diverso tipo. En el terreno de las identificaciones «geográficas» una persona puede sentirse al mismo tiempo barcelonesa, catalana, española y europea. Por otro lado, seguramente y además de Serrat habrá mucha gente que se sienta mediterránea y del Poble Sec (o cualquier otro barrio con perfil, como el Raval por ejemplo). Serrat no es menos catalán por ser mediterraneo o del Poble Sec, todo lo contrario. Y uno del pirineo se sentirá tan catalán como Serrat sin necesidad de sentirse tan mediterráneo.  Y ninguno de los dos se sentirá por ello menos español o menos europeo.
Ahora bien, quienes insisten en contraponer sentimientos podrían acabar por hacer que uno no se sienta español si se siente catalán justamente por el hecho de tener que elegir. Es una forma de separatismo que los predicadores de la nación española única siembran en su ignorancia.
Señoras y señores, siéntanse ustedes lo que quieran. Siéntanse muchas cosas al mismo tiempo. No solo es posible, es además recomendable, enriquecedor y les ayudará a ser diferentes al  tiempo que más integrados y comprensivos con los demás.
No se dejen confundir por los ignorantes.  


  

Maria José, Psicóloga.
leopoldo_oct_2003.jpg
Igor Bogdanovic   Términos de Uso  Declaración de Privacidad
Portal engine source code is copyright 2002-2010 by DotNetNuke. All Rights Reserved