Al psicólogo? No, no me hace falta
Cualquier conocedor de la historia le dirá que durante la Edad Media en
Europa el cristianismo más oscurantista que dominaba en aquel tiempo
impuso la idea de que la vida es «un valle de lágrimas». Los seres
humanos llegábamos al mundo «con la mancha del pecado» a expiar
nuestras culpas. Sufrir era lo natural y la resignación la actitud
cristiana que correpondía. Lógicamente esta forma de ver las cosas
servía muy bien a los intereses de los poderosos: reyes, nobles y a la
misma Iglesia. Las plagas, la miseria, la falta de higiene y el frenazo
que se dio a la medicina (mucho más avanzada en el mundo árabe y en las
lejanas tierras de oriente) ayudaron a hacer que la vida de la mayor
parte de la gente sí que fuera un verdadero valle de lágrimas.
La Ilustración acabó con estos esquemas tan dolorosos. La revolución
francesa trajo una forma de organización social en la que la nobleza no
era ya imprescindible. La ciencia evolucionó y con ella la medicina.
Los avances tecnológicos dieron pie a la llamada revolución industrial
y la vida de la gente comenzó, muy lentamente, eso sí, a hacerse menos
sufriente. Hasta llegar a la sociedad actual en la que se habla de
«estado de bienestar», las normas higiénicas se han generalizado y es
más problema la obsesión por la salud y la belleza que la falta de
interés por ella.
Pero hay un aspecto en el que parece que aquellos viejos postulados de
la Edad Media se han quedado enquistados en las personas: el bienestar
psicológico.
En pleno siglo XXI se sigue considerando que acudir al psicólogo es un
fracaso. Como si «una persona que asume sus problemas» fuera un modelo
a seguir. ¿Se imaginan una persona que «asumiera» sus problemas de
salud física y no acudiera al médico?.
Consideramos que los médicos están ahí para ayudarnos cuando la salud
física se resiente y que es normal que acudamos a un especialista.
Aunque hay siempre gente que nos da soluciones caseras y consejos que a
ellos les funcionaron, a todos nos parece que lo inteligente es acudir
al especialista cuando se trata de solucionar problemas físicos.
Incluso los problemas estéticos están empezando a ser considerados como
algo qeu se debe poner en manos de profesionales.
Pero cuando se trata del bienestar psicológico sale el «medieval» que
todos llevamos dentro (y el medieval que llevan quienes nos rodean)
para decirnos: «¿Insomnio? no te preocupes, es normal, eso es que estás
pasando un mal momento. A todos nos pasa en un momento u otro pero ya
se te normalizará el sueño...» Y lo mismo con el stress, la depresión y
otros trastornos no tan menores como la gente piensa. Es como si nos
dijéramos: «somos humanos, tenemos que sufrir ese tipo de cosas pero es
lo normal». Lo dicho, medieval.
A nadie se le ocurriría decir: «¿Que tienes cefaleas o ardores fuertes
de estómago?. No te preocupes, son cosas normales que a todos nos
pasan, ya se te pasará...» No, cuando se trata de problemas físicos
decimos más bien esto otro: «Oye, ves al médico que estas cosas pueden
no ser nada pero también pueden complicarse. Lo mejor es que te vea un
especialista y así te quedarás más tranquilo».
Pero no solo es factor medieval el que me resulta sorprendente. También
está el factor complejitos: «Uy al psicólogo, yo no estoy tan mal» Pero
oiga señor/a, al psicólogo no se va una hora antes de suicidarse
abrumado/a por el dolor; al psicólogo hay que ir para sentirse mejor en
la vida cotidiana, hay que ir para analizar lo que nos está pasando,
ver nuevas perspectivas, aprender mecanismos y procedimientos que nos
ayuden a vivir más felices. De la visita al psicólogo se sale un poco
como de la peluquería: con la sensación de estar mejor que antes de
entrar. Se sale un poco como después de ver al médico: un poco más
tranquilo porque se sabe más de lo que a uno le agobia. Se sale
aliviado/a, reforzado/a, con las sensación de que el futuro va a ser un
poco mejor que el pasado. Del psicólogo se sale más fuerte, mas
seguro/a, más capacitado/a para afrontar la realidad que nos está
tocando vivir.
Y una última cosa: «Es que el psicólogo es caro, prefiero aguantar» Al
próximo que le oiga decir esto le grito. Sres y sras, ¡el psicólogo es
más barato que la peluquería! Ambos se ocupan de mejorar nuestra
cabeza, pero no lo duden, la labor del psicólogo nos hará sentirnos aún
mejor que la de la peluquera.
No sea medieval! Déjese de sufrir porque le da corte acudir al
psicólogo. Si quiere ocuparse, ocúpese del peinado, pero con las demás
cosas de la cabeza, déjese ayudar por profesionales.
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