Domingo, 05 de Septiembre de 2010 Registrarse | Entrar
| psicologia * nov2005_psico |
diari_banner_140.gif
 DIARI Minimizar


  

Apartados_psicologia.gif
 ARTÍCULOS Maximizar


  


 Psicología, noviembre 2005, Nº 139 Minimizar

Adaptación y cambios

Una de las características humanas que más destacan entre todas las especies vivas es, sin duda, su capacidad de adaptación. Los seres humanos hemos sido capaces de adaptarnos a todos los hábitats posibles del planeta, desde los desiertos polares a los desiertos más calurosos pasando por las selvas y las ciudades. Nos hemos ido adaptando además a las diferentes condiciones históricas del desarrollo técnico, desde las cavernas hasta la tecnología más moderna. Esta capacidad de adaptación es probablemente el factor que  nos ha permitido eso que llamamos «dominar la tierra». No obstante, la capacidad adaptativa también plantea ciertas dificultades, especialmente cuando hablamos desde un punto de vista individual o cuando los cambios a los que hemos de adaptarnos son demasiado rápidos.
En numerosas ocasiones hemos hablado de la estructura psicológica del ser humano en esta columna. Hemos abordado el tema desde diferentes perspectivas y en relación a distintos temas. Hoy lo haremos de nuevo para hablar de la adaptación.

Los seres humanos vamos conformando nuestra estructura psicológica a través de un arduo proceso de evolución personal desde el momento del nacimiento y especialmente a lo largo de nuestros primeros años de vida. En esa configuración intervienen tanto los factores de maduración de tipo biológico como los factores que encuadramos dentro del llamado proceso de socialización, entre ellos todos los que conocemos bajo el nombre genérico de «educación». Dicho de otra manera, a medida que vamos madurando psicológicamente vamos «aprendiendo» el mundo: valores, habilidades útiles, costumbres, normas, etc.

Por otra parte, podríamos decir que a medida que nuestra estructura psicológica se va desarrollando también se va haciendo más rígida, menos moldeable y, por tanto, menos adaptable a los cambios. Por eso los niños aprenden mucho más rápido y los ancianos son más reticentes a cambios y novedades. Visto desde este punto de vista, en cada edad de un ser humano la ecuación entre la «adaptabilidad» y la «resistencia al cambio» varía.
Lógicamente, las personas que viven situaciones más estables tienden a ser menos «adaptativas» que las personas que desarrollan su vida en condiciones más cambiantes.
Este mismo esquema se podría aplicar también a las sociedades humanas. Las sociedades más estables, más estructuradas y/o tradicionales, son más rígidas que las sociedades más modernas, con menos historia o menos  estructuración.

Actualmente vivimos un momento histórico caracterizado por la aceleración de los cambios. El avance tecnológico se ha acelerado y su influencia sobre los modos de vida ha hecho que se acuñe un concepto muy curioso: «revolución tecnológica». La revolución tecnológica ha hecho que gran parte de lo aprendido por gene-raciones enteras se haya quedado obsoleto. Y no hablo solo del uso de ordenadores. La revolución tecnológica ha cambiado la vida de las personas a todos los niveles. El ocio y el trabajo, la comunicación, los valores, las costumbres, las espectativas, las relaciones sociales... Todo cambia rápidamente hasta el punto de que hoy en día no tiene sentido (como lo tenía antes) dedicar la educación a aprender por ejemplo un trabajo que se habría de desarrollar a lo largo del resto de la vida porque no sabemos qué parte de lo aprendido estará anticuado dentro de unos años. Por otro lado, sea cual sea lo que una persona aprendió debe plantearse una actualización continuada si no quiere quedarse atrás.

Para la estructura psicológica, esta necesidad de adaptación permanente es un problema. A medida que la vida avanza nuestra estructura tiende a hacerse más rígida y el esfuerzo de actualización nos resulta más pesado. Ya no hablemos de la necesidad de adaptación impuesta desde afuera: cuando nos vemos afectados por despidos masivos, cambios en leyes y costumbres aceptadas, necesidad de incorporar aparatos nuevos, etc. 

Muchas personas experimentan una especie de agobio ante esta creciente necesidad de adaptación. Experimentan cansancio, estréss, abatimiento, temor al futuro, frustración y toda una serie de síntomas a veces difíciles de explicar y mucho más de combatir. En no pocas ocasiones ese malestar se interpreta como depresión o ansiedad cuando en realidad se trata de otra cosa. La labor del psicólogo en estos casos puede ayudar a identificar y corregir el problema. Pero para eso es necesario que se le consulte.   
        
Maria José Hernado. Psicóloga.
Consultas llamando al 627 908 300

  

Maria José, Psicóloga.
leopoldo_oct_2003.jpg
Igor Bogdanovic   Términos de Uso  Declaración de Privacidad
Portal engine source code is copyright 2002-2010 by DotNetNuke. All Rights Reserved